domingo, 27 de octubre de 2013

Vivencias del Paraguayito

Vivimos en un tiempo en el que las madres dan mas cariño a sus plantas que a sus hijos.
Por ejemplo a la  mañana me despierta cariñosamente con un buen "epu'ãpy nde añarakopeguare"


Los noviecitos recién conocidos son muy directos a veces y se escucha algo como:
-Chee Boludaa.. Te quiero conocer,  quitate un poco tu alargue, tu pestaña postiza, tu lente de contacto, y el 1kilo de maquillaje de la cara..


Famoso el caso del  ka'urapo que  5 minutos antes de que termine la fiesta ya empieza a ser el kape de todos y pide:
-Eeh, mbaio kape, nderekoi pio 5 mil`i che pasajerâ?


O el joven que “cansado” llega a tu casa y lo primero que te dice es:
HACENONA TERERÉ VAO TOMAR..  y se acuesta luego ya en el sofá y mira tele.


Conocimiento para los extranjeros:
El 99,999% de todos los loros en el Paraguay se llaman Pancho.


Curiosidades de las chicas:

9 de cada 10 mujeres se enamoran de un pendejo ka'urapo, puerco y que le pone los cuernos. Ignorandole al que le trata como a una princesa.

ME VOY Y VENGO - AHÁTA AJU

Se sabe con certeza, de acuerdo con trabajos científicos, experi­mentos y muchos estudios, que el ser humano tiene su ritmo bioló­gico, es decir, un reloj natural que regula sus funciones, formas de ser y de actuar. El aháta aju`, me voy y vuelvo, es la patética y sim­pática materialización de un estilo de vida regido de acuerdo con el reloj biológico.

El paraguayo "común y silvestre" se despide de un cóctel o de un velorio y dice "aháta aju ". En realidad, esto es pura palabrería de rutina. Eso no se va a cumplir. Es una tácita despedida con unas mentirillas piadosas de cordialidad. No se va del todo (no sea que comiencen a hablar mal de él apenas se vaya), pero tampoco regre­sa.

Se fue, pero no se fue. Su presencia-ausencia está allí flotando en el ambiente. Definitivamente, aháta aju es una pícara filosofía de omnipresencia y bolaterapia típica paraguaya.

El ritmo biológico natural del paraguayo lo hace un tipo tran­quilo, aparentemente lento. El púa tarara es una excepción llamati­va.

Conjuntamente con el aháta aju surge el última "horaitépe", otra gran institución paraguaya. Deja todo para última hora. "Para qué piko me voy a apurar", si en el Paraguay todo término o fecha tope se va a prorrogar de seguro. Así deja transcurrir el tiempo y las fechas de vencimiento para actuar recién última horaitépe.

El paraguayo de tierra adentro mantiene su ritmo biológico. Su reloj biológico funciona también para los cambios políticos, so­ciales y culturales. Además de asustarle, no cree en los cambios brus­cos, pues él no conoce de grandes catástrofes naturales, como terre­motos, maremotos, erupción de volcanes. Su microclima es como su macroclima.

Su pasar cansino pareciera pensar: "el que se apura, se ahoga". Por lo tanto no asume ni le entra en su cabeza una revolución ver­dadera, un proceso que irrumpa, cambie, trastoque y ponga todo cabeza arriba.

Para el paraguayo, la "revolución" no pasa de ser un simple cambio de personas y mandamases. El Paraguayo diría "se dio vuel­ta la tortilla".
Pero estamos hablando de la misma tortilla que simplemente se dio vuelta para freír el dorso de la misma moneda.

Él no cree, no tiene fe en un cambio real. Tanto lo engañaron que quien propone un verdadero cambio es un poco loco o un men­tiroso.

Nada en el Paraguay cambia tan bruscamente. El ritmo natu­ral de la siembra y la espera confiada para la cosecha, las lluvias, el verano, las temporadas de naranjas y sandías, el invierno no tan crudo pero sí muy breve, todo hace que no tengamos mucha expe­riencia de cambios radicales profundos ni estructurales de fondo. El Paraguay no va a cambiar radicalmente. Pero aunque sea "sa’i sa'i", algo estamos cambiando.

Sin embargo, puede cambiar la situación si encontramos líde­res, "tendota" de verdad, honestos, trabajadores y patriotas, que hoy hagan visualizar el bien común y la justicia social como meta alcan­zable y necesaria.



Fuente: MÁS PARAGUAYO QUE LA MANDIOCA (8ª EDICIÓN ) - Por ANÍBAL ROMERO SANABRIA